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La mentira tiene precio

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Sirva de ejemplo la película El precio de la verdad como una denuncia a las malas artes y fáciles herramientas que la profesión del periodismo tiene para recrear y reinventar la realidad que el mundo tiene antes sus ojos. Un sueño, historieta, o una simple imaginación de un reportero puede cambiar la concepción de cualquier lector carente de contexto. El sistema de fuentes es una de las premisas para el buen funcionamiento de nuestro trabajo. Personalización o poder atribuir a una persona una información hacen que nuestros artículos caminen en la senda de lo veraz. Y quizás lo más importante sea poder contrastar  que algo ha sido dicho por alguien.

En el seno de la revista The New Republic (publicación más prestigiosa en su momento para la mayoría de estadounidenses) trabajaban con un sistema de verificación y corrección bastante asentado aparentemente. Sus artículos rodaban varias veces por un entramado de empleados que estudiaban minuciosamente su contenido en busca de cualquier errata o incongruencia. Y entonces apareció Forbes (medio digital nativo de EEUU) para desmontar este sistema caza errores, y denunciar la corrupción del sistema de fuentes de uno de sus redactores: Stephen Glass

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Quizás el trabajar a rebufo de un medio tan importante y verse envuelto en medio de una recriminación de su jefe por no cubrir “El Congreso de los Hackers”, Adam Penenberg desmantela uno de los casos de falta a la verdad en el periodismo americano. En el mundo laboral hay veces que no sólo tu buen hacer y tus virtudes te hacen llegar alto. Aprovechar el mal momento de tus enemigos o tus competidores te pueden llevar al éxito. En este caso Forbes aprovechó los artículos de Stephen Glass para dejar tocado a The New Republic y para demostrar un buen ejemplo de lo que no se debe hacer en el mundo del periodismo. El periodismo digital ganaba una de sus primeras batallas a la prensa escrita. Un medio con un escaso año de vida destapa un escándalo que recorrió todo el mundo.

El visionado de la película arroja unas conclusiones evidentes. Una de ellas y renombrada en este artículo es la poca importancia dada en la revista a la verificación de las fuentes. Es lógico que por aquella época los mecanismos para poder desmantelar un caso como éste no son los mismo que actualmente, donde con hacer un solo clic podemos tener una amplia información de cualquier empresa o cualquier persona de cierta repercusión. ¿Cuántos artículos a lo largo de la historia del periodismo son inventados y los hemos tomado como algo real? Quizás esta pregunta no nos la podríamos hacer si la violación moral y la ética del periodismo fueran sinónimo del fin del periodista. Porque pienso que una de las premisas principales de la ética del periodista debe ser la obtención de una fuentes reales y fiables.

Con el paso del tiempo crear una fábula de esta dimensión se va haciendo más complicado. Aunque también es más sencillo verificarlas. “Con una simple fotografía hubiese sido suficiente”. Como aparece en el tramo final del film en una charla entre Stephen y Chuck, donde demanda una foto para poder demostrar que aquello que escribía era cierto.

Y sí fuera todo una gran mentira, como verdaderamente lo fue, creo que como principiantes en este profesión debemos acogernos a este refrán “rectificar es de sabios”. Debemos ser humildes y reconocer nuestros fallos para poder aprender en un futuro de ello.

Para finalizar no sé si alguna de estas tres premisas (rigor, verificación y buen periodismo) están dentro de las características de periodismo tradicional. El paso de los años mejora los buenos vinos. Y creo que en el periodismo pasa lo mismo. En el periodismo y en la mayoría de las profesiones. Las nuevas generaciones y los nuevos puntos de vista ayudan a mejorar algo que pensábamos que no se podía mejorar.

Y es que pasados varios años de esto siguen apareciendo casos de invención de fuentes o de plagio de textos. Antes esto debemos ceñirnos, quién así lo crea, en valorar y demostrar la moral y la ética de una profesión que necesita un cambio.

Con la confianza de la sociedad no se juega

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PR08_GLASS_130213_JOSÉ LUIS LÓPEZ CORREDOR.- El precio de la verdad es la película que refleja una realidad, la de Stephen Glass, el editor de la revista The New Republic que inventó numerosos reportajes a lo largo de su corta etapa como periodista. Corta porque fue cazado en 1997 por la potencia en información sobre negocios de Estados Unidos Forbes Digital. Fue unos de los integrantes de la recien nacida edición on-line, Adam Penenberg, el que destapó este caso, uno de los más sangrantes en la historia del periodismo norteamericano.

Según la narración de la película, el radar de Forbes Digital se activó cuando el director de la revista leyó la publicación. Tras ello decidió reprochar a Adam Penenberg el hecho de que no se hubiese enterado de esa rocambolesca noticia titulada “Hack heaven” sobre un hacker de 15 años que había puesto en jaque a la compañía Jukt Micronics. Y así comenzo el destape de Stephen Glass. Tras conocer la verdad, Forbes digital publicaba el artículo “Forbes smokes out fake New
Republic story on hackers“. Sigue leyendo